27 sept. 2013

Estados febriles

Quería avisarte de que es esta fiebre persistente la que me hace hablar delirios. No pienses ni por un instante que no son ciertas las palabras que salen de mi boca. Es la fiebre. Ya lo sabes....
Por las noches tengo sueños. No puedo dormir y no soñar contigo. Me revuelvo, me destapo, me acurruco, me levanto, me borro de los espejos, me encierro en la oscuridad, me ahogo en el vaso de café, te saco de los rincones donde te escondes. Me acuesto, me tapo, me envuelvo, me desvelo. Y vuelves… La fiebre te trae de nuevo. Me acaricias la cara, me besas la frente, tus dedos recorren mis cejas, mi nariz, mis labios, mi cuello. Tengo frío. Me abrazas. Me entregas tu calor y yo te entrego mi cuerpo febril. Me acaricias el pelo y me acunas en tu pecho. Soy de trapo. Soy jirones cosidos a tu cuerpo. Me besas en silencio, despacio, robándote cada centímetro de mis labios, llevándote con tu lengua mi voluntad. Me despierto asustado. Tengo calor. Me destapo. Miro a mí alrededor, miro la oscuridad vacía. Miro el silencio que también me mira y se sonríe. Miro las sombras que duermen conmigo. De ellas, soy de ellas. De las sombras, del silencio, de la oscuridad. Pertenezco a mi sueño. A mi fiebre. Me duermo… y me entrego de nuevo a la irrealidad...

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