11 ene. 2015

Digamos que pájaros de colores en el desayuno...

Una película en blanco y negro que nos ha salvado las distancia entre naranjos, que se pierden los muros que separaban los auxilios de éstos besos.... Dos miradas a la luna, que esconde más que un sentimiento en una novela, donde nos piden perdón por la espera. Tres cigarrillos a la salud de los moribundos, que han vivido más disimulos que nuestra manera de cogernos la mano. Cuatro miradas bajo el brazo, con la vergüenza escondida en los retales de tus vestidos, que se han puesto a bailar en cuanto te han visto. (Trescientos sesenta y) cinco días más hubiesen pasado por ver volar a los pájaros... Seis es el número que juega el azar con nuestros antojos. Siete lágrimas antes de la resaca, acompañado de ocho noches infinitas en menos de nueve esperas. Cero es el punto final a donde han llegado todas éstas maneras de convertirnos en el capítulo VI de Cortázar...no fui yo, sino el tiempo que nos convirtió en literatura...en animales de colores...